
Y un día poder decir “¡Por fin, algo que intenté con mucho esfuerzo dio finalmente sus frutos!”, y poder disfrutar de aquello. Para ese entonces, mi sonrisa va a estar de oreja a oreja, extremadamente enorme, mis ojos brillosos, y el orgullo en el pecho.
Siempre que se lucha por algo que realmente se desea, se logra. Por más trabajo, paciencia, tiempo, dedicación y ganas que cueste, detrás de cada tropezón, algún día todo aquello se va a transformar en lo que tanto se desea y por lo que tanto empeño se puso. Ahí es donde te sentís realizado, y volvés a ponerte otro desafío, otro deseo por el cual luchar.
Se trata de siempre tener un ideal, de estar siempre luchando por algo que se desea, de siempre tratar de superarse, de tomar las cosas positivas que nos da cada experiencia para poder utilizarlas en el futuro, de llenarnos de herramientas para formarnos y ser mejores personas en el futuro.
Dicen que un tropezón no es caída, así como cada piedra que se nos cruza en el camino sirve para ir acumulándolas y de a poco armar nuestro castillo. Se necesita paciencia y dedicación, pero como bien dice un slogan “Imposible is nothing”. Cuando esa barrera se logra levantar, ahí es cuando decís “Yo puedo”.
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